Explique, a través de experiencias personales y literarias, por qué la memoria puede ser a veces nostálgica. (BAC Langue Vivante 1, Espagnol)
La memoria. Nuestra fiel compañera pero también nuestra peor enemiga.
Nuestra amiga, porque siempre está con nosotros, desde que nacemos, e incluso desde antes: el ser humano es capaz de relajarse muchas veces en un sitio cerrado, oscuro y sulencioso como lo era el vientre de nuestra madre, en el que gozábamos de protección y seguridad. La memoria asocia esta etapa de nuestra vida al presente, y es por ello que nos gusta tanto a veces rodearnos de un ambiente propicio a la reflexión. Mientras vivimos, la memoria recuerda datos, los junta, crea otros nuevos. Nos permite mirar más allá de nuestro propio ''ahora'', y nos ayuda a no cometer los mismos errores, a no olvidar.
No obstante el paso del tiempo vuelva la memoria traicionera, las lagunas ahogan nuestros recuerdos, aquellos que tan felices vivimos una vez, que nunca podremos recuperar: salen a flote la inocencia de la infancia, la aventura de la juventud, la experiencia del ser adulto. Pero no son más que troncos inertes, reflejos de algo que pasó. Sentimos muchas veces nostalfia al mirarnos al espejo y ver que ya no somos los que una vez fuimos, en lo que el caprichoso juego del tiempo nos ha convertido, como simples piezas de cristal, frágiles y condenadas a cambiar hasta que llega el jaque mate.
Recordamos a los abuelos como siempre han sido: esas personas que ya conocimos con el pelo blanco, con arrugas en la piel y flores de cementerio en las manos. A veces nos olvidamos pensar de que antes de todo, ellos han tenido una vida como cualquiera de nosotros, es por eso que nos cuentan aquello que nosotros llamamos, quizás injustamente ''las batallitas''. No son más que recuerdos que esas personas echan en falta, alegrías, penas, pero sobre todo gloria y miseria de unos tiempos pasados que ya nunca volverán a poder vivir; postrados posiblemente en un sillón mientras ven cómo la familia crece, vive y desarrolla su propia memoria sin ser plenamente conscientes del disfrute de su presente. Los abuelos nos repiten mucho aquello del Carpe Diem pero con palabras tiernas para que los niños lo entiendan.
Muchas veces incluso en la vejez, sólo nos quedan unos cuantos recuerdos, lo que llamamos la memoria selectiva. En ocasiones guardas algunos felices, otros tristes, es posible que también muchos se escapen de nosotros mismos. La memoria se convierte entonces en un archivo de cosas vividas, que nos hace añorar, echar de menos, y ser, la mayoría de las veces, infeliz y nostálgico.