domingo 31 de enero de 2010

Pena Negra

Hace más de un siglo que la Reina llora. Se escucha por los pasillos de palacio ese llanto desconsolado, esa pena honda que nadie puede mitigar. Le pesa la soledad. También el olvido. Y esa ventana que da a las afueras del reino le ofusca la realidad. No logra comprender por qué afuera todos ríen, como si la vida les llenara de felicidad. Para ella la vida no es más que tiempo que pasa, que la envejece. Para los de palacio se trata de un llanto antiguo de vivencias pasadas que no puede dejar de recordar. Hoy, como hace un siglo, la Reina llora. Lágrimas llenan su habitación y la tienen atrapada hasta la cadera. Seguirá llorando hasta que el agua llegue a cuello y se quiera dar cuenta de que no puede escapar de la propia prisión que ella misma se ha creó.

jueves 21 de enero de 2010

Para Beatriz Lara Vila

La Metáfora del puente

Érase una vez una mujer que vivía en unas tierras extensas y disfrutaba de la felicidad completa.
No obstante, un día, de un modo repentino, su amada tierra, su casa, se separó en dos. Ella se quedó en uno de los lados, como podría haberse quedado en el otro. Se acercaba muchas veces a aquel vacío que separaba lo que un día fue su reino, mirando al final del abismo, negro como un pozo sin fondo. Pasaron los meses, y una mañana fría, observó con alegría que como por arte de magia, un puente se había erguido entre ambos trozos separados.

Pensó: ''En mi trocito de tierra tengo todo lo que quiero, comida para comer, una cama para dormir, me divierto, y jamás me aburro...''. Pero miraba a la tierra de enfrente, nostálgica del pasado en el que también vivía en ella. Allí había muchas otras cosas y placeres de las que no podía disfrutar en la que se encontraba. Cada día, sin descanso, se levantaba por la mañana y se quedaba delante del puente, en estado de reflexión. Tenía miedo de cruzarlo. ''¿Y si cruzo, y se cae? En cambio, si consigo pasar, querrá decir que el puente es sólido y no me caeré. Así que podré disponer a mis anchas de ambas tierras.'' El puente de madera, a primera vista, parecía no querer caerse, pero estaba dubitativa.

La otra idea que se le ocurrió fue la de esperar a que el tiempo, y los años, juntaran de nuevo las dos tierras. ''Tengo miedo a hacerme vieja y que al final ambas no se junten nunca.''
Otra de las mañanas, mientras estaba sentada frente al puente como casi todos los días, una voz interior le dijo: ''Cuanto antes cruces el puente, antes te quitarás las ganas de pasar al otro lado. Si no, vivirás infeliz toda tu vida por querer cruzarlo, imaginando la felicidad que allí te espera. Si se cae, treparás, sabes que no caerás al vacío. Y cuando vuelvas a la tierra en la que vives, viendo el puente destrozado, sólo podrás pensar en disfrutar lo que tienes en esta, comenzar una vida nueva con lo que te brinda.''

Quien no arriesga, no gana.
¿Cruzará el puente?

martes 19 de enero de 2010

La memoria

Explique, a través de experiencias personales y literarias, por qué la memoria puede ser a veces nostálgica. (BAC Langue Vivante 1, Espagnol)

La memoria. Nuestra fiel compañera pero también nuestra peor enemiga.
Nuestra amiga, porque siempre está con nosotros, desde que nacemos, e incluso desde antes: el ser humano es capaz de relajarse muchas veces en un sitio cerrado, oscuro y sulencioso como lo era el vientre de nuestra madre, en el que gozábamos de protección y seguridad. La memoria asocia esta etapa de nuestra vida al presente, y es por ello que nos gusta tanto a veces rodearnos de un ambiente propicio a la reflexión. Mientras vivimos, la memoria recuerda datos, los junta, crea otros nuevos. Nos permite mirar más allá de nuestro propio ''ahora'', y nos ayuda a no cometer los mismos errores, a no olvidar.
No obstante el paso del tiempo vuelva la memoria traicionera, las lagunas ahogan nuestros recuerdos, aquellos que tan felices vivimos una vez, que nunca podremos recuperar: salen a flote la inocencia de la infancia, la aventura de la juventud, la experiencia del ser adulto. Pero no son más que troncos inertes, reflejos de algo que pasó. Sentimos muchas veces nostalfia al mirarnos al espejo y ver que ya no somos los que una vez fuimos, en lo que el caprichoso juego del tiempo nos ha convertido, como simples piezas de cristal, frágiles y condenadas a cambiar hasta que llega el jaque mate.
Recordamos a los abuelos como siempre han sido: esas personas que ya conocimos con el pelo blanco, con arrugas en la piel y flores de cementerio en las manos. A veces nos olvidamos pensar de que antes de todo, ellos han tenido una vida como cualquiera de nosotros, es por eso que nos cuentan aquello que nosotros llamamos, quizás injustamente ''las batallitas''. No son más que recuerdos que esas personas echan en falta, alegrías, penas, pero sobre todo gloria y miseria de unos tiempos pasados que ya nunca volverán a poder vivir; postrados posiblemente en un sillón mientras ven cómo la familia crece, vive y desarrolla su propia memoria sin ser plenamente conscientes del disfrute de su presente. Los abuelos nos repiten mucho aquello del Carpe Diem pero con palabras tiernas para que los niños lo entiendan.
Muchas veces incluso en la vejez, sólo nos quedan unos cuantos recuerdos, lo que llamamos la memoria selectiva. En ocasiones guardas algunos felices, otros tristes, es posible que también muchos se escapen de nosotros mismos. La memoria se convierte entonces en un archivo de cosas vividas, que nos hace añorar, echar de menos, y ser, la mayoría de las veces, infeliz y nostálgico.

jueves 14 de enero de 2010

Muerte de primavera

No sé por qué, siempre había temido que un día volvieses de la otra vida. Sabía de un modo u otro que algún día te me aparecerías cuando menos lo esperase. Me pasé un día entero frente a aquella postal que me mandaste de Budapest, el año antes de tu muerte, dónde me decías, detrás de una foto con una de las vistas más bellas de la ciudad, ''Siempré estaré aunque sea lejos''. Sencillas palabras que a alguno le podrían haber parecido ariscas, como a mi hermano. ''Más de siete meses fuera sin saber nada de él y ahora te manda esa mierda con una frase cariñosa''. Se creía que me dejaba engañar por ti. Yo sabía que era una forma de decirme que me echabas de menos; era la ventaja de conocerte tanto. Con muy poco decías mucho, y lo había aprendido a través de los tantos años de silencio compartidos contigo, años de mirarnos a la cara e incluso olvidar nuestros nombres cuando clavaba mis ojos en los tuyos. Fueron buenos pero demasiados, de eso no me di cuenta hasta aquel Mayo de tu regreso.
Cuando volviste ni siquiera te pasaste a verme, a pesar de que estuviese segura de que te morías de ganas. Por qué no viniste, eso ya no lo sé. Llevabas fuera dos largos años, pero tampoco insistí. Las cosas contigo funcionaban así, y no había más que hablar; vendrías si tenías que venir.

(...)

Semanas después de que llegaras a la ciudad, el viento movió las cortinas a través de una pequeña rendija abierta, mientras leía sentada en la cama. El ruido colándose y entrando deprisa por aquel espacio pequeño se hacía insoportable, así que me levanté. Cuando aparté el trozo de tela, fuera, en el balcón de mi habitación, vi una figura poco nítida tras el tinte anaranjado de la media tarde: me mirabas con ojos tristes y suplicantes, tan tiernos que dudé mucho de que fueras tú. Ibas vestido con una camisa a rayas y tus vaqueros rotos, pero algo te pasaba. Parecías, en aquel momento, ligero, como si una ráfaga fuese a llevarte de repente; la transparencia de tu piel me dejaba ver el valle que se extendía más allá de mi ventana, pero sin embargo parecía como si de verdad estuvieses ahí, de pie, intentando decirme algo. Pero no me moví, me quedé mirándote exactamente de la misma forma con la que tú me hubieses mirado ante tal espectáculo. Impávido, vacío, hueco. Olvidé incluso tus palabras de la postal. Y entonces supe que habías muerto en primavera.

jueves 24 de diciembre de 2009

Joyeux Noël

Otro año y ya es Navidad.
El tiempo pasa muy rápido. Nos quejamos tanto y disfrutamos tan poco de los días que ni siquiera notamos que seguimos vivos. El otro día no había nada para desayunar, y cogí lo primero que vi, que fueron leche con galletas María de toda la vida; nunca suelo desayunar eso. Entonces me vino el recuerdo del chalet de La Eliana, merendando con mis primos la leche con galletas que nos ponían en una bandeja el abuelo Juan y Ana Mari, la hermana de mi abuela. Todos los niños reunidos, en bañador o en camiseta, alrededor de esa mesa de plástico blanca, frente a la planta inmensa de jazmín. Hacía mucho calor, aquel día la tía Lules me había tirado todo el pelo mojado de la piscina hacia atrás, como a veces hacía mi madre. A mí no me gustaba pero bueno, era verano.
Cuando era pequeña, esperaba el día de Navidad con muchísima ilusión, me levantaba a las 7 de la mañana y saltaba en la cama de mis padres, que me intentaban convencer de que Papá Noel no llegaba tan pronto (ahora le ves el encanto al asunto cuando te das cuenta de que los regalos ya estaban bajo el árbol en el salón, lo único que querían era dormir un poco más...)
Dentro de 22 días es mi cumpleaños, cumpliré 18.
Qué rápido pasa el tiempo...
¡Demasiado quizás!

Feliz Navidad a todos

domingo 20 de diciembre de 2009

Felicidades Bea

No hace mucho que nos conocemos y ya estoy celebrando contigo que cumples un año más, como si los últimas 17 veces que lo hiciste yo hubiese estado también ahí.
La primera vez que te vi fue en Junio, muy de lejos, pero tuvimos contacto en Septiembre cuando fuimos a ver Malditos Bastardos y a mí me hizo gracia porque te habías traído la cena de casa... ^^ ¡Y a partir de ese día fue un no parar! Mira que en tan poco tiempo hemos tenido momentos, juntas y con los demás del grupo. Recuerdo las risas de ayer con todas las salchichas de Frankfurt que hicieron tus padres, los dátiles, los calcetines horrorosamente malolientos de Amparo, Marta y yo... Conocerte ha sido increíble, ¡¡ putain !! Por muchos conciertos más (que espero que no pasemos en la calle), por muchas cenas en tu casa, en la mía, o en la de quien sea, por muchos momentos como las fiestas de Navidad y Halloween... Pero sobretodo... ¡Por muchos HALLELUJAH más! Te quiero Beuchina


jueves 17 de diciembre de 2009

La mañana del jueves

El diecisiete de Diciembre la ciudad se despertó enferma: tenía frío y lloraba, y las lágrimas caían rabiosas sobre las aceras, como si hubiesen vivido retenidas todo el verano. La ventolera se colaba en la piel de los transeúntes, los termómetros indicaban cinco grados centígrados a través de un cristal empañado y lleno de escarcha.
Miraba por la ventana de tu cuarto, mientras tú dormías. Parecías muerto, que tu respiración se hubiese desvanecido. Era un estado tan adecuado a la tristeza de afuera, que me acerqué a ti y puse la oreja sobre tu pecho para escuchar tu latir. Me abracé a tu cuerpo cuando oí el inconfundible ritmo de tu corazón, recordé con nostalgia la noche pasada.
Empecé a sentir escalofríos en esa posición tan quieta y me acomodé para poder mirarte a la cara. La tuya estaba también fría, pero la luz entraba tibia, iluminando tus párpados dormidos, que de repente se abrieron en una sacudida violenta; y tus manos cogieron mi cara para besarme. Te lanzaste encima mío y te dispusiste a matarme a besos en aquella mañana de jueves, mientras poco a poco mi mente se paralizaba con el pensamiento de... (...)

viernes 11 de diciembre de 2009

El Amante, Marguerite Duras

jueves 10 de diciembre de 2009

Una cuestión de peluquería

Hoy me ha entrado la vena macarra, y es que tengo un problema capilar (aunque no sea importante, sé que muchos de vosotros os identificaréis con mi caso, por no decir todos)... Y yo me pregunto ¡¿Que repuñetas les pasa a los peluqueros de este mundo?! Sí, sé que esta incursión de un tema tan cotidiano y trivial no es normal en mi blog, pero es que ¡la rabia ha de salir por alguna parte! ¡¡¡Y pegar al vacío no me consuela!!!
Para aquellos que no me conozcan (o que me conozcáis demasiado), llevo un flequillo que sigue una estética muy precisa, y es que en eso de los flequillos soy muy tiquismiquis. Lo llevo recto, pero ojo, NO ES RECTO, por que tiene que tener forma arqueada, que no se me vean las cejas, y sobre todo, despuntado. Si no sigue estas tres características, me pongo hecha una fiera. ¿Y adivináis lo que me ha pasado hoy? ¡¡¡EN EFECTO!!! ¡ESTOY QUE ME SUBO POR LAS PAREDES!
Muchos pensaréis que es una gran tontería, estoy muy de acuerdo con vosotros, pero la tontería se une a mi desgracia. Saliendo de baile corro hasta la peluquería de detrás de mi casa (que no es la misma que me corta siempre el pelo) porque claro, llevo el pelo en los ojos y no veo un carajo. He aprendido una gran lección, no ir a la peluquería más cercana si eres una perfeccionista a la hora de los pelos. Aprendo de mis errores aunque sean estúpidos y desquiciantes. Ahora no hago más que estirarme el pelo a ver si crece, por que llevo una especie de cosa rara a cachos en la frente, y se me ven las cejas. Al menos está medio arqueado.
Yo creo que a los peluqueros, cuando entran en la escuela de peluquería, les dicen ''La opinión del cliente no cuenta. No le escuches. Sólo deja volar tu imaginación''. O algo así como ''¿Lo que te diga el cliente? Pues haz todo lo contrario.''

Qué mierda de todo. Algunos con problemas enormes y yo llorado por mi pobre pelo. Pero oye, todos tenemos pequeños ataquitos de estos, ¿no?

PS: Perdonadme si algún peluquer@ lee esto, no juzgo vuestra enseñanza, simplemente el mal uso de las tijeras en manos de algunos. Que conste que mi peluquero de siempre es genial. He tenido un mal día.

miércoles 9 de diciembre de 2009

El viaje

El tren.
Siempre me había fascinado el traqueteo del enorme monstruo sobre las vías. Chirriando metal en un vaivén incontrolable. El paisaje nocturno desfilando ante la nostalgia de los viajeros. Mis idas siempre habían tenido una vuelta a la casilla de salida, a la estación de mi ciudad natal. Y veía todo pasar tras la ventana, y mi reflejo sobre la oscuridad, mientras divagaba en cualquier otra cosa y me adormecía. Eso era porque sabía que iba a volver. 
En esta ocasión no lo tengo tan claro. Paseando por las calles, me choqué contra una mujer que llevaba una maleta y que se iba corriendo. Me soltó un ''lo siento'' sofocado. Me dijo que iba a perder el tren a no sé dónde. De repente me encontré comprando un billete al mismo sitio. Ahora sentado, con un poco de dinero, las llaves de una casa que dejo atrás, me pregunto por qué lo he hecho. Sin embargo es la primera vez que me siento libre de verdad. Incluso creo que he perdido el móvil, porque no ha sonado. O no brillo por mi ausencia o no está en mi chaqueta. En cualquier caso, tampoco me he parado a mirar. Si lo encontrara, sabría que estoy haciendo una locura. Me pondría histérico el estar rodeado de gente que duermn en la falsa noche del interior iluminado de un tren. Y es posible que abriera la puerta de la máquina y me tirara al campo. No quiero ser el causante de mi propia muerte, así que prefiero no mirar si llevo mis cosas encima.
Las hierbas y figuras negras de afuera parecen correr desaforadas por conseguir un hueco al lado de cualquiera de estas personas. Yo hago lo mismo todos los días, viviendo. Nunca paro de correr, por que parece que el tiempo se derrite en mis manos. Lo pierdo, lo malgasto. Y luego mira. A veces está bien romper la rutina. Volveré a pensar en mí mañana.